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1. El escenario actual
La próxima batalla contra la globalización sin reglas tendrá
lugar en Cancún, México, en septiembre de 2003. En el actual
contexto internacional , no es posible soslayar el hecho de que esta Quinta
Reunión Ministerial de la OMC, ocurrirá después de
los recientes acontecimientos bélicos, y sus enormes implicancias
para el futuro del mundo y los pueblos.
La invasión de Irak y su destrucción, a través de
una guerra ilegal e inmoral, cambia la naturaleza y las perspectivas de
las futuras negociaciones internacionales. Después de que el unilateralismo
pudo avanzar sobre décadas de infructuosas negociaciones sobre
las reglas de convivencia internacional y apoyado en la reactivación
de concepciones ya adormecidas como la corrida armamentista y el fantasma
de la proliferación nuclear, es imposible retomar las negociaciones
comerciales como si nada hubiese ocurrido.
La opción estratégica por la fuerza como instrumento para
doblegar soberanías y de intimidación de respuestas autónomas
desde los países, inclusive de países desarrollados, implica
la necesidad de repensar las reales posibilidades multilaterales de la
negociación mundial. El desconocimiento del derecho internacional
acarrea un duro golpe al ordenamiento global y sus principios normativos.
Curiosamente, en este escenario de dominio unilateral y hegemónico
de Estados Unidos como la mayor economía del mundo, las alianzas,
oposiciones y estrategias bélicas están estrechamente ligadas
a acuerdos o condicionamientos comerciales, en términos de sanciones
o compromisos a futuro.
En este momento extremadamente especial, la OMC con su rol y poderío
creciente, realizará su Reunión Ministerial donde se delineará
su nuevo papel estratégico.
No es secreto que el tipo de multilateralismo practicado por la OMC, si
es que así puede llamarse, siempre actuó en favor de los
intereses de las corporaciones y de los países centrales y que
en realidad las reglas acordadas en ese ámbito siempre se obtuvieron
a través del power politics, amenazas de sanciones, represalias
y todo tipo de chantajes de parte de los que ostentan el poder sobre los
países de la periferia del sistema. "A pesar de esto, la mayoría
de los que luchan por la democratización del sistema internacional
opinan que la existencia de instituciones multilaterales - basadas en
principios opuestos a los de la OMC, como los de universalidad de los
derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, y de preservación
de la capacidad de los estados nacionales para formular políticas
públicas de acuerdo con los intereses de la sociedad puede ser
de enorme utilidad para alcanzar una mejor correlación de fuerzas
entre los países, evitándose las situaciones hobbesianas
del conflicto de todos contra todos; de la primacía del poder del
más fuerte, sin que haya ningún tipo de regla o norma capaz
de garantizar al sistema internacional alguna civilidad".
Sabemos que la OMC extrapola los aspectos de comercio y cada vez más
su amplitud y poder se hacen determinantes para la gobernabilidad y la
hegemonía mundial.
En este sentido, debemos reconocer que se presentan muy sombrías
las perspectivas negociadoras en el actual clima de desprecio por un orden
mundial negociado sobre bases plurales, que en este contexto involucra
a las negociaciones comerciales.
Reconociendo estas dificultades, se torna cada vez más importante
el esfuerzo y la presencia de los movimientos sociales, incluyendo los
movimientos de mujeres, que puedan exigir la profundización del
proceso negociador multilateral desde una perspectiva de democratización
del sistema de comercio internacional y del mecanismo que otorga a cada
país un voto dentro de la OMC.
Es necesario fortalecer las críticas y la resistencia a algunas
propuestas existentes dentro de la OMC, como la modificación del
sistema de participación igualitaria hacia un sistema donde el
poder de voto de cada país estaría determinado por su poder
comercial,o el recurso al uso de la "sala verde" donde algunos
pocos (y más poderosos) miembros toman las decisiones "informalmente"
para después presionar al conjunto de los países.
También es necesario seguir debatiendo la dinámica que toman
las negociaciones en el ámbito de la OMC y la inclusión
de los "nuevos temas", que significa avanzar en la incorporación
de cuestiones no comerciales, y por ende aumentar la presión hacia
los países periféricos para negociar todo a cambio del prometido
"acceso a los mercados " de los países desarrollados.
Es evidente que la agenda del comercio internacional está sobrepasando
las áreas tradicionalmente ligadas al acceso a mercados (barreras
arancelarias y no arancelarias) de los bienes, para incluir servicios,
inversiones, derechos de propiedad intelectual e incorporando temáticas
que impactan en la vida cotidiana de hombres y mujeres en el mundo entero.
De esta forma, es relevante el debate sobre la pertinencia de la actuación
de la OMC en temas que se están negociando como agricultura, propiedad
intelectual, patentes y servicios, que se suman a los nuevos temas que
estarán siendo disputados por los países centrales en Cancún,
especialmente inversiones, políticas de competencia y compras gubernamentales.
En este sentido, la IGTN - (International Gender and Trade Network), participó
en Doha con un documento que proponía la reforma del sistema de
la OMC y una reducción en el contenido de su agenda. Se argumentaba
allí que la reforma y la agenda dedicada estrictamente al comercio,
deberían basarse en un principio según el cual las prioridades
no son el comercio y el lucro, sino el desarrollo, la vida humana, la
igualdad y la justicia social.
Así, la polémica sobre la incorporación en la OMC
de los temas no comerciales, incluye necesariamente consideraciones de
carácter más amplio, como son la soberanía de los
países y sus propias agendas de desarrollo, el combate a la pobreza
y las desigualdades y la negociación de un orden mundial con justicia,
derechos humanos y sustentabilidad.
2. Democratizar la OMC significa también
incorporar una perspectiva de género:
La magnitud y profundidad de los impactos de los acuerdos sobre un amplio
espectro de actividades económicas, tienen implicancias directas
en el mercado de trabajo, en los ingresos familiares, en la calidad de
vida, en la disponibilidad de servicios básicos como la educación,
la salud y aún el agua.
Cuáles son las implicancias de estos acuerdos sobre las mujeres?
Dicho de manera muy directa, y partiendo de los condicionantes que moldean
el género, se trata del acceso a los recursos básicos para
la reproducción social (agua, comida, salud, educación)
y a su posibilidad de disponer de manera equitativa de la propiedad y
los ingresos. Todas estas variables se ponen en juego en los acuerdos
comerciales que se están negociando en la OMC desde la perspectiva
de los intereses de las corporaciones y de las economías más
poderosas.
Además, es necesario comprender que la globalización en
curso y la liberalización del comercio se asienta en el trabajo
no pagado y no reconocido de las mujeres en la reproducción social.
Es decir, - la disponibilidad sin costo del trabajo doméstico y
comunitario de las mujeres es central en el actual proceso de acumulación
regido por el libre mercado.
En este contexto, identificar los mecanismos para incrementar la equidad
de género es un elemento fundamental de la democracia. La igualdad
entre hombres y mujeres no es un aspecto secundario: por el contrario,
forma parte de los elementos que contribuyen a la profundización
de la equidad social y al ejercicio pleno de la democracia en todos los
países.
En este sentido, la incorporación de la perspectiva de género
en la OMC es un aspecto insoslayable de su democratización, tanto
en términos de su estructura, como en sus temas de ingerencia clave.
Hay dos aspectos básicos que deben ser tomados en cuenta a la hora
de construir las propuestas para la efectiva democratización de
las negociaciones multilaterales en la OMC, tanto en términos de
los mecanismos de toma de decisiones como en el concepto de desarrollo
al que se alude.
La falta de programas y políticas destinadas a pensar los impactos
diferenciales del comercio sobre hombres y mujeres, así como la
escasa presencia de mujeres entre los negociadores que puedan alertar
sobre tales consecuencias y reflejar la preocupación con esos efectos,
muestra la ausencia de una perspectiva de género en la propia estrucutura
de la Organización.
La equidad de género, está también completamente
ausente hasta el momento en las negociaciones y acuerdos alcanzados. Y
esto es así, porque no se pone en cuestión la asociación
automática entre comercio-crecimiento-desarrollo y no existe un
debate sobre la concepción de desarrollo que se proocura alcanzar.
3. La OMC y la equidad de género:
La apertura comercial en muchos países produjo la expansión
de las importaciones, con un consecuente desplazamiento de la producción
local, que constituía una fuente de ingresos importante para las
economías familiares y de pequeñas empresas. En otros casos,
el incremento de las exportaciones, si bien generó nuevos puestos
de trabajo, afectó seriamente la calidad del empleo, particularmente
del empleo femenino.
Evaluandolos efectos y principales consecuencias de las negociaciones
en términos de su influencia sobre las desigualdades entre géneros,
pasaremos a considerar algunas de las diversas áreas de negociación.
- Agricultura: la intensificación de la comercialización
de la agricultura ha impactado fuertemente el acesso a la tierra con la
consecuente movilización de trabajadores, provocando desarraigos
y migraciones hacia las ciudades, con graves consecuencias socio-económicas.
Por otro lado, la limitación de políticas nacionales que
garanticen la seguridad alimentaria para enormes sectores de la población
de los países del llamado Tercer Mundo, permanentemente incentivados
a la exportación de bienes agrícolas, frente a una agricultura
ineficiente y fuertemente subsidiada en los países centrales, perpetúa
y alimenta un círculo viciado de desigualdad. En este marco, las
mujeres cargan con la responsabilidad de la subsistencia familiar, sin
programas ni medios de acceso a la propiedad de la tierra, al agua, el
crédito, a las semillas patentadas, etc. y desde un lugar deprovisto
de poder político y económico para garantizar sus derechos.
- Servicios. Es evidente que la mayor parte de los servicios
públicos estratégicos tiene fuerte influencia sobre la vida
cotidiana de las mujeres. En este sentido, la falta de reglamentación,
los conflictos entre uso doméstico y consumo industrial (en el
caso del agua, luz, gas, telecomunicaciones, etc.), la limitación
en la oferta de los servicios sociales básicos en los países
en desarrollo, agravan las situaciones de penuria familiar y agudizan
los impactos de la pobreza y por ende, las inequidades, entre ellas las
de género, en tanto la provisión de servicios de consumo
familiar recae fundamentalmente sobre los hombros de las mujeres.
Por otro lado, las mujeres forman la mayor parte del contingente de trabajadores
en el sector, y son utilizadas como mano de obra más barata en
diversos servicios. Así el GATS requiere ser renegociado, formulando
una clara definición sobre la naturaleza de los servicios públicos
y el papel de los estados en resguardar el interés de la ciudadanía
y asegurar la prestación de los servicios esenciales, como también
pensar en las enormes implicaciones económicas y sobre el mercado
de trabajo que este sector puede promover en las economias locales.
- Propiedad Intelectual: la vida no debe ser vendida
ni comercializada, es decir, no puede ser patenteada. Se trata de una
herencia colectiva y este principio fundamental debe ser defendido en
términos de las negociaciones comerciales. Este es un tema especialmente
sensible para el movimiento de mujeres por las consecuencias que puede
generar en términos de la existencia de una vida digna para millones
de seres humanos, a merced de un modelo tecnológico insustentable
y falto de consideraciones éticas. El patentamiento de plantas,
semillas, drogas para medicamentos, medicina natural, producciones culturales
de los diversos pueblos, etc. implica consecuencias graves para los pueblos
del Sur y sus efectos pueden ser especialmente dañinos para las
mujeres y los pueblos indígenas.
Junto a los temas mencionados, y para la consideración de los new
issues lanzados en Singapur, resulta importante resaltar el marco político
en que se realiza esta incorporación de temas al ámbito
de la OMC. Ellos implican limitaciones a la autonomía de los países
para la definición soberana de políticas públicas
de desarrollo. "Los Estados Nacionales, particularmente aquellos
del mundo en desarrollo, negociaron y continúan negociando su capacidad
de regular y controlar el flujo externo de bienes y servicios, de proteger
la integridad de su sistema monetario y financiero, de determinar sus
programas antipobreza, de promover la sobrevivencia sustentable, de proteger
el bienestar y el derecho de los trabajadores y de asegurar la provisión
adecuada de servicios públicos e infraestructura".
Inversiones: Tal vez sea éste el tema más
álgido entre los asuntos que integrarán la agenda de Cancún.
En primer lugar, por su ingreso efectivo a la ronda de negociaciones,
pero también por las graves consecuencias que puede tener para
los países periféricos. Seguramente avanzar en la reglamentación
y los requisitos de desempeño del capital financiero, se ha vuelto
uno de los temas más importantes, especialmente a través
de los requisitos de desempeño, para combatir las desigualdades
de género, junto a la preservación de los derechos de los
trabajadores y las cláusulas ambientales. Países como Argentina
o Turquía, han visto sus sistemas productivos amenazados o desmantelados
por las entradas y salidas del capital especulativo sin fronteras ni condicionantes
para actuar en los mercados nacionales. Otros como Brasil, ven limitadas
las posibilidades de un gobierno como el de Lula que pretende priorizar
las empresas locales para poner en marcha un proyecto de desarrollo nacional.
Compras gubernamentales. En este punto, se trata del
acesso irrestricto de las empresas transnacionales y las grandes corporaciones
a las adquisiciones de los gobiernos, que así deben abandonar políticas
nacionales (sean municipales, provinciales o federales) de incentivar
compras a pequeñas y medianas empresas y cooperativas, que inclusive
muchas veces favorecen e impulsan programas de equidad de géenero.
- Políticas de competencia: Se trata de extender
el principio del trato nacional y no discriminatorio a la competencia
entre empresas de los países miembros de la OMC. La "libre
competencia" implica la apertura de todos los sectores económicos,
rompiendo monopolios estratégicos. No sólo quiebra el papel
de los gobiernos como responsables por los proyectos nacionales autónomos,
sino que también limita y hace "injustas" las posibilidades
de implementación de programas que como los de equidad de género,
tengan por objetivo corregir en ámbitos nacionales, las distorsiones
y desigualdades sociales existentes. Finalmente , podemos concluir que
la OMC, con un poderío internacional creciente y que a diferencia
de las Naciones Unidas tiene capacidad de implementación de los
acuerdos negociados, cuenta con un arsenal de medidas para el cumplimiento
de sus determinaciones, entre ellas sanciones, multas y represalias. Así,
su papel y su importancia relevantes en el nuevo orden mundial, requiere
ser comprendido y visualizado por la sociedad, especialmente de los países
del Hemisferio Sur, que cada día más estarán enfrentándose
a las consecuencias de sus decisiones. Los intereses de los países
centrales y de sus grandes corporaciones no debe prevalecer sobre los
de la mayoría de los países, que precisan en cambio reglas
comerciales enmarcadas en los tratados internacionales generados en décadas
de debate y negociación en las Naciones Unidas, que les permitan
retomar sus agendas de desarrollo. Los pueblos y en particular las mujeres,
precisan debatir y prepararse para resistir las propuestas injustas surgidas
en la OMC y formular desde sus necesidades reales, las alternativas viables
que sirvan para promover la justicia social y avanzar en la superación
de las inequidades de género. |
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