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¿Porqué se produce la bancarrota económica
en Argentina acompañado por una crisis social e institucional de
enormes proporciones? Indagar las raíces de la suspensión
de pagos más grande de la historia, del colapso de una de las grandes
economías de América Latina asentada en un país con
enormes riquezas naturales y recursos humanos con altos niveles de calificación,
permitiría sacar importantes lecciones para prevenir otros colapsos.
Argentina hoy es un hito importante en el proceso de cuestionamiento del
modelo neo-liberal hegemónico.
Con el objetivo de insertarse en la dinámica
del contexto global, desde el inicio de los 90 y al igual que en la mayoría
de países de América Latina, en Argentina comienzan a aplicarse
políticas de ajuste estructural, como una receta indiscriminada,
sin consideración de las particularidades locales, ni políticas
compensatorias o preventivas de los remezones que esto significaría
para la economía nacional.
Así, se buscó la estabilidad macroeconómica, se viabilizó
la desregulación financiera y la liberalización comercial,
se promovieron las privatizaciones de las empresas que estaban en manos
del Estado, se buscó el ajuste del gasto público a costa
de severos recortes, se dispusieron impuestos regresivos bajo el supuesto
de que al no gravar diferencialmente a los más ricos se fomentaría
el ahorro interno, se promovió la flexibilización laboral.
Este modelo firmemente impulsado por el FMI y el Banco Mundial, garantizaría
el crecimiento de algunos sectores, con posteriores efectos de derrame
para el conjunto. Este supuesto pareció confirmarse en los inicios
de la década para el conjunto de América Latina, pero las
tasas no se sostuvieron. CEPAL redujo a menos del 1% la proyección
de la tasa de crecimiento de la región para 2001. Tanto las exportaciones,
como la inversión y el empleo se mantuvieron muy por debajo de
las expectativas: el modelo comenzó a producir insatisfacción
y malestar .
Para el caso de Argentina y alentado por el FMI, se agregó un ingrediente
adicional: la convertibilidad cambiaria. En efecto, con el objetivo de
frenar la hiperinflación de los últimos años de los
80, se fijó por ley la paridad uno a uno entre el peso y el dólar.
Esta receta que fue exitosa en sus inicios, terminó constituyéndose
en un corset de hierro, que puso freno a las pretensiones exportadoras
y promovió la inundación del mercado interno de productos
importados que arrasó la capacidad productiva nacional. El valor
del dólar (al que estaba atado el peso argentino), se incrementó
después de la crisis asiática. En tanto, Brasil, el principal
socio comercial del Mercosur, devaluó su moneda, con lo que ambos
países quedaron en situaciones asimétricas. Se debilitó
aún más la competitividad argentina y la sobrevivencia misma
de la integración regional quedó amenazada .
La desaceleración global del 2000/01, empeoró la situación
de Argentina. Pese a sufrir más de un año previo de recesión,
se fomentó una política fiscal restrictiva que acentuó
la tendencia procíclica que hoy transita su cuatro año consecutivo.
Los efectos negativos no tardaron en hacerse sentir, particularmente sobre
las mujeres. Las quiebras sucesivas de empresas pequeñas y medianas
(donde están en mayor proporción las mujeres), el traslado
de las corporaciones a otras plazas con salarios depreciados en relación
al dólar (como fue el caso de las industrias de la alimentación
o el vestido, con mayoría de mano de obra femenina), llevó
rápidamente a la caída del empleo, alcanzando hoy la desocupación
en los grandes centros urbanos al 23% y afectando en mayor proporción
relativa a las mujeres.
Con una política despilfarradora y altamente corrupta, el endeudamiento
externo se incrementó un 123% en la década de los noventa.
La corrupción y la magnitud de la deuda dilapidó lo producido
por la venta de las empresas del estado . El monto de la deuda representa
casi el 50% del Producto Bruto Interno y con tasas de interés del
20%, hoy -sin default mediante- debería dedicarse casi el 10% del
PIB para pagarla.
Otro de los errores cometidos en Argentina que fue muy alabado en su momento
por los organismos internacionales en el supuesto de que esto garantizaría
estabilidad, fue el pase a la propiedad extranjera del sistema bancario.
Esto tuvo como efecto no deseado un debilitamiento en la financiación
de las pequeñas y medianas empresas. El gobierno no previó
ni facilitó mecanismos que permitieran superar las barreras para
el acceso al crédito y el financiamiento de la producción
nacional.
Las consecuencias de estas políticas han sido dramáticas
y desvastadoras.
Una investigación reciente , determinó que en el país
se producen por año 99 millones de toneladas de alimentos (incluyendo
granos, ganado, aves, hortalizas, frutas, peces) capaces de alimentar
a una población casi diez veces más grande que la argentina.
Sin embargo, hoy más de 5 millones de argentinos no consiguen ingerir
una dieta imprescindible para sostener su salud y crecimiento y 15 millones
se ubican por debajo de la línea de pobreza!
La reciente decisión de abandonar la convertibilidad para dejar
fluctuar libremente el dólar (una de las condicionalidades más
firmes del FMI para prestar una "ayuda" que se demora) promovió
nuevamente un proceso inflacionario cuyos límites se desconocen
y que hasta el momento llevó al peso a casi el tercio del valor
que tenía. A medida que crece la inflación, aumenta la proporción
de habitantes que caen por debajo de la línea de pobreza. Y dentro
de ellos, hay un claro predominio de mujeres. En la ciudad de Buenos Aires,
por ejemplo, 7 de cada 10 habitantes que se encuentran en el 20% con menores
ingresos, son mujeres.
El motivo principal de esta sinrazón es la creciente inequidad
en la distribución de los ingresos y la cuantiosa concentración
de la riqueza que se inicia en 1976 como política del gobierno
militar y se sostiene y acentúa como proceso por más de
25 años. Hace cuatro años, el 10% más rico de la
población ganaba 19 veces más que el más pobre. En
la actualidad, gana 34 veces más. Tomando nuevamente el caso de
Buenos Aires, que es la concentración urbana más rica del
país, puede observarse una agudísima concentración
de ingresos. En efecto, el 10% más rico se queda con el 54,6% de
los ingresos totales. En el otro extremo, el 50% de menores ingresos de
la población, participan de un 8,7% del total de ingresos.
Otro efecto de la prolongada recesión es la profunda falta de confianza
en la economía por parte de todos los actores que participan en
ella. Pero la pérdida de confianza se extiende hoy a todo el sistema
político. En un amplio espectro de los partidos políticos,
en los sindicatos, en el sector privado, en las fuerzas armadas, (salvo
honrosas excepciones), sus dirigentes han caído en un nivel de
descrédito tal que prácticamente no pueden aparecer en lugares
públicos bajo riesgo de ser abucheados o insultados por la gente.
Pero más grave aún, la pérdida de confianza se extiende
a las propias instituciones. La politóloga Margaret Levi, de la
Universidad de Washington, en una visita reciente analizó que uno
de los problemas más graves de Argentina no es tanto el desprestigio
de sus dirigentes sino esta pérdida de confianza en las instituciones.
Y considera imprescindible la construcción y el fortalecimiento
de un sistema institucional, con bases sólidas, transparentes y
participativas para volver a recuperar esa confianza.
Otra de las consecuencias del colapso fue la movilización popular
y las protestas sociales que recorrieron el mundo a través de los
medios de comunicación. Las protestas asumieron modalidades diferentes
según el sector social. El reclamo de los sectores excluidos ("piqueteros")
que se hizo cada vez más evidentes en los últimos años,
se manifestó en el corte de carreteras y caminos principales, como
una forma de convocar la atención del conjunto social. Por su parte,
los sectores medios de los ámbitos urbanos que vieron perder sus
ahorros a manos del sector financiero, se expresaron a traves de los "cacerolazos".
Ambos sectores ("caceroleros" y "piqueteros") comienzan
a unirse en manifestaciones conjuntas. En la ciudad de Buenos Aires, los
vecinos sesionan todas las semanas en asambleas barriales que discuten
problemas de diverso orden y encaran acciones colectivas. Las mujeres
tienen una presencia muy notoria en todas estas manifestaciones. Piden
la palabra sin inhibiciones y participan de una manera más decidida
que en otros ámbitos tradicionales, como los partidos políticos
o los sindicatos.
El dramático estado de cosas requiere identificar
responsabilidades. Por primera vez en la historia y a propósito
de la crisis Argentina, la Cepal denuncia el papel preponderante que tuvo
el FMI en el proceso de toma de decisiones que condujo al actual desenlace.
Al respecto, el Secretario Ejecutivo de la Comisión recuerda que
en la reunión anual del FMI de 1998, la política económica
argentina fue presentada como "la mejor del mundo" .
También se plantea el papel que jugó la comunidad financiera
internacional en la generación de las condiciones que finalmente
se tradujeron en el colapso del régimen monetario y financiero
del país.
Por otro lado, es insoslayable la responsabilidad de las autoridades nacionales
en la toma de decisiones, por más condicionadas que estas estuvieran
por los organismos internacionales. El economista Aldo Ferrer critica
la forma en que el gobierno argentino, con aspiraciones de "mejor
alumno" adhirió a las recetas neoliberales durante la década
de los noventa, transformándose en un verdadero "fundamentalista
del mercado".
También los sectores económicos más poderosos pusieron
en evidencia su ambición extrema y su desinterés por un
proyecto nacional de crecimiento. Se estima en más de 100 mil millones
de dólares las fortunas de argentinos depositadas fuera del país,
20 mil de los cuales salieron en los últimos meses de 2001.
Finalmente, también hay una responsabilidad del conjunto de la
sociedad civil, que ha puesto en evidencia una cultura de tolerancia a
la corrupción y una indiferencia hacia el control, el pedido de
rendición de cuentas y el accountability de la acción de
sus gobernantes. Actitudes que hoy, a partir del sufrimiento y la frustración,
parecen estar cambiando.
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